Miami 2017 (seen the lights go out on Broadway)
Turnstiles no fue un gran éxito de ventas. Ninguna de sus canciones tuvo un puesto destacable en las listas de éxitos del año, y el álbum se resentía de una producción inexperta y algo estéril. Y sin embargo, es sin duda el primer gran disco de Billy Joel.
En 1976 el hombre del piano decidió abandonar California y seguir su carrera en su Nueva York natal. Fue una manera de romper con todo lo que había hecho antes, de empezar desde cero, de buscar un nuevo origen. Y fue una búsqueda del origen tormentosa, en ella el productor asignado por Columbia Records fue despedido por el propio Billy tras muy agrias disputas; el nuevo disco, lo produciría él mismo. Además Joel forzó el acceso de su banda al estudio para hacer los acompañamientos en lugar de hacer uso de los fríos músicos de sesión que tan mal resultado le dieran en sus anteriores obras.
La palabra “turnstiles” denomina los torniquetes que se emplean en las estaciones de metro para controlar el acceso de personas; personas distintas entre sí, cada una con su historia, con un universo personal propio, con cosas distintas que contar y en las que pensar. “Turnstiles” se asemeja además fonéticamente a “turn styles”, que podría traducirse como “variar estilos” o “alternar estilos”: Billy emplea estilos varios para hablar de diferentes clases de persona y de sentimientos humanos. En la portada el cantante aparece con varios ejemplos a su alrededor, en unos torniquetes del metro de Nueva York. Parece que sonríe, con humilde orgullo: la gente a su alrededor son obra totalmente suya, en el fondo forman parte de él, y su versatilidad le ha permitido desarrollar el tipo de música adecuado para plasmar adecuadamente cada caso. De este modo, el disco posee un nivel de precisión en la carga conceptual que no existía en los anteriores: es el primer trabajo realmente personal de su autor.
SAY GOODBYE TO HOLLYWOOD
La primera canción que suena (con una producción cargada de eco en la voz que homenajea directamente a Phil Spector), es Say Goodbye to Hollywood: como muchos han señalado, se trata de una fanfarria, de una alegre y optimista declaración de independencia, de cambio, de madurez. Así, el alegre saxofón de Richie Cannata y la grave batería de Liberty DeVitto anuncian a bombo y platillo (y nunca mejor dicho), la decisión de Billy, que canta, con mucho eco a su novia, diciendo que se despida de Hollywood. Hay, claro, cierta amargura en el hecho de abandonar una vida ya establecida, pero Joel sabe que el cambio será positivo, y desde luego muy necesario para escapar de la mediocridad a la que se acercó con Streetlife Serenade. Por ello la parte intermedia, menos jovial, parece una justificación: considera reflexivamente la postura y explica cambios que se van a producir y a lo que van a llevar; sin embargo desemboca siempre en la melodía principal que entra con fuerza, como si la conclusión del viaje, del abandono de Hollywood sólo pudiese ser buena. Quizá desde el punto de vista técnico la letra no sea perfecta (la métrica es un poco fácil, la historia es algo confusa), pero transmite perfectamente lo que se pretendía: la redención ante una situación de punto muerto a lo largo de la juventud.
A la producción le falta gracia e imaginación, (y es por ello que resulta preferible la versión de Songs in the Attic), pero el tema gana en sucesivas escuchas, resultando finalmente uno de los mayores logros de Turnstiles. Una excelente canción.
SUMMER, HIGHLAND FALLS
Summer, Highland Falls es una de las canciones que más tardan en asimilarse de todo el disco. El dibujo de piano que hace Joel a lo largo de toda la composición pasa desapercibido en un primer momento, porque los matices de la melodía son mínimos rápidos y sutiles, y es necesario concentrarse mucho para, en las sucesivas escuchas, desarrollar un entendimiento con el tema. Es como cuando se lee una argumentación filosófica, aparentemente monótona y monocorde, pero que encierra gran sabiduría y que requiere toda nuestra atención y sucesivas lecturas para identificar el sentido y el valor reflexivo que posee. Y es que eso es lo que es Summer, Highland Falls.
La letra es una reflexión sobre una relación de amor humano (probablemente de pareja, pero también podría tratarse de una amistad); la falta de entendimiento, por el desarrollo metafísico no-parejo de ambos seres produce una ruptura, una separación durante un margen de tiempo relativamente amplio. Luego existe una reunión, una reconciliación en la que las conclusiones a las que ambos han llegado por separado son las mismas. En realidad nada ha cambiado. Los sentimientos que han acompañado la relación han sido dos: la tristeza de la separación, o la euforia del amor, no hay término medio. Soberbia: la métrica, una vez más, puede ser algo inexperta, pero su intensidad, su pasión y su verdad están fuera de toda duda.
La producción en este caso no produce ningún efecto especialmente negativo en la canción: Joel toca el piano y canta, acompañado por una batería y un bajo (éste último hace grandes logros), y a ratos por un clarinete (magnífico Richie Cannata). En realidad la propia sinceridad y falta de artificio de la obra justifican de sobra el austero arreglo, que por lo tanto es consecuente y adecuado.
Por su profundidad en letra (en la que por primera vez la reflexión es adornada con la historia, y no al revés), y melodía (en especial el maravilloso dibujo de piano), Summer, Highland Falls, confirma, con la modestia que caracteriza a Turnstiles, la llegada de Joel a un nivel muy alto de madurez compositiva.
ALL YOU WANNA DO IS DANCE
All you wanna do is dance es uno de los temas peor considerados del álbum por la crítica en general. Se habla de un reggae que actualmente suena anticuado, y cuya ligereza de concepto impide mayores logros. Sin embargo, sin ser, en efecto, uno de los mejores temas del disco, la canción es, desde el punto de vista de la melodía, bastante correcta y sirve a su propósito perfectamente: una burla, un chascarrillo a cierto tipo de persona que escucha la radio de manera poco constructiva, buscando sólo ritmo marcado para bailar. Dejando a un lado el estilo, la melodía no tiene desmayo, es alegremente juguetona y encuentra su punto culminante en un estupendo solo de Joel a los teclados.
Es cierto que no es demasiado trascendente y el efecto del paso de los años es un buen argumento para criticarla: de hecho, el tipo de persona que describe ya no existe, o si existe, desde luego el mejor estilo para definirlo no es el reggae, pero lo que no se puede negar es que es consecuente consigo misma, y a su nivel consigue perfectamente el objetivo que buscaba.
NEW YORK STATE OF MIND
A pesar de ser una de las canciones menos personales de Joel New York State of Mind se convirtió en las giras en una de las canciones más solicitadas y aplaudidas por el público, y aún hoy cuando su autor la incluye en un concierto se intuye en el ambiente una complicidad incondicional que la mantiene vigente. En este sentido, fue especialmente emocionante la ocasión en que Joel ofreció la canción a un público emocionalmente trastocado por los atentados del 11-S.
New York State of Mind es una declaración de amor a la gran manzana, cuya letra que subraya el carácter cada vez más irracional, más espiritual de su obsesión; la canción musicalmente evoca a clásicos norteamericanos que bien podrían relacionarse directamente con ambientes neoyorquinos: en particular el arreglo, el tipo de melodía y la interpretación vocal recuerdan mucho a Ray Charles. Este préstamo estilístico que en otras circunstancias hubiera resultado bien negativo tiene aquí la fortuna de resultar enriquecedor por muchos motivos: amplía los registros conocidos de la voz de Billy, le permite desarrollar nuevos tipos de música con éxito y, como recreación de un amor urbano resulta perfectamente coherente y lograda. Además, la banda, y en particular Richie Cannata (en este disco se luce), redondean la interpretación. El resultado es que al oírla, en caso de no entender el oyente la letra, la música habla por sí sola y permite deducir de qué habla la canción.
Sin ser lo mejor del disco, New York State of Mind es otro de los triunfos de Turnstiles, una muy bella canción que con toda justicia se ha convertido en un himno aplaudido y vitoreado por multitudes, que se han sentido conmovidas ante la sensibilidad, cariño y emotividad con que el autor canta a su ciudad natal.
JAMES
Una de las canciones que primero atrapan del disco, James es la balada más suave de Turnstiles. La letra, planteada como una carta, o como un mensaje oral, se dirige a un viejo amigo, del que el autor, por diferencias sociales y vitalmente conceptuales se ha visto forzado a separarse. Joel reflexiona planteando preguntas a James, un burgués de familia adinerada que siguió sus estudios cuando otros tuvieron que ponerse a trabajar, y le dándole como respuesta duras y poco halagüeñas conclusiones: con ironía, desencanto, y un aparente ensañamiento y rencor que en el fondo oculta un doloroso sentimiento de compasión, orgullo herido y ausencia de un ser querido irrecuperable. James, por culpa de su familia y de las circunstancias ya no es el que fue. En este aspecto la canción resulta en principio admirable: un concepto bien construido y desarrollado que encuentra en la pegadiza y lastimosa melodía de su estrofa un equivalente musical idóneo y lícito cuyo conjunto consigue emocionar.
El problema de la canción, reside en su poco convincente estribillo. Bien conocido es el caso de que una canción desarrolla una tensión a lo largo de su estrofa que un estribillo a la altura ha de resolver. Joel siempre ha gozado de facilidad para salir airoso ante esta premisa, pero en James, el estribillo sencillamente se queda corto y además, la conclusión que en él ofrece la letra es demasiado abierta e inconsistente.
La producción de la canción es bastante correcta, pero la presencia de un xilófono (seguramente procedente de un sintetizador), como principal intérprete de la melodía puede resultar algo cansino. El arreglo de la banda de Billy es, por lo demás excelente.
James no es realmente un tema desdeñable (su estrofa merece la pena), pero sí es, junto con All You Wanna Do is Dance, lo más flojo de Turnstiles, y buena prueba de ello es que años después de la grabación, ninguna de las dos pasó el control de calidad que suponía la inclusión en un gran directo como fue Songs in the Attic.
ANGRY YOUNG MAN
Como New York State of Mind, Angry Young Man es uno de los temas fetiches para el público de los conciertos, y sin ser éxitos de ventas en su día, hoy las conoce y admira todo aficionado que se precie (quizá por eso no se incluyeron versiones en directo de estos temas en Songs in the Attic: ya eran sobradamente populares).
Angry Young Man es un sobresaliente, una pieza original y personalísima que cubre sus expectativas inmejorablemente tanto en música como en letra. Comienza con un elaborado y triunfal preludio que supuso una de las cimas autorales de Joel en su día y al que la banda saca todo el jugo posible. Sitúa al oyente en un estado de euforia festiva que en principio no parece casar con una letra, que como la de James, es una crítica aparentemente amarga.
Ésta se refiere a un arquetipo de personaje consistente en un joven que exalta conscientemente un idealismo mal entendido como tal, que le lleva a estar en una permanente y absurda guardia de su honor que le lleva a chocar con todo el mundo; un “joven enfadado” que tiene interés en demostrar a los demás lo trabajador, honesto e intachable que es, que lucha por luchar aunque pierda, que vive para escucharse. Esta acomplejada necesidad de demostrar algo al mundo hace al protagonista antipático. Y aunque como se ha dicho, en principio el tono burlón, festivo y jocoso de la melodía (y de la letra) no parece encajar con el patetismo del caso que describe, la coherencia estilística es total: Joel se burla del “angry young man”, y puede hacerlo con tanta saña, alegría y despreocupación sólo por un motivo: porque él mismo ha sido un “angry young man” que ha logrado superar dicha etapa (o sea, que el caso no es desesperado, sino que tiene solución). De hecho, en la parte intermedia Joel afirma por primera vez en primera persona que cree haber superado esa etapa (“descubrí que sólo sobrevivir ya era de por sí una lucha noble”). Y aquí nos volvemos a encontrar con el recurrente tema de la “maduración”, de la evolución positiva y enriquecida, del paso de una juventud irreflexiva a una edad marcada por una experiencia que deja tras de sí conceptos claros, consistentes y eficaces (para más detalles de esta evolución véase I’ve Loved These Days).
La música que acompaña a la letra es rítmica, desenfrenada y jovial, con una marcada línea de batería y un fondo de guitarras que le va estupendamente (el piano interviene en el preludio y en algunos momentos puntuales). Existe una parte intermedia ya mencionada en la que el ritmo se relaja y coincide con la parte reflexiva y autorreferencial de la canción: algo así como un descargo de culpabilidad que hace Joel por si alguien pudiera malinterpretar o desacreditar sus observaciones. Hacia el final del tema, el solo corresponde a un sintetizador (que siendo muy de su época, resiste perfectamente el paso del tiempo), con el que Joel elabora interesantes variaciones de la melodía principal para desembocar finalmente en la ya conocida estrofa.
La producción es, en este tema, intachable (quizá el único caso del disco), y la banda desarrolla una interpretación enérgica, segura y con una gran convicción.
Que Joel consiga reírse con fundamento de algo que fue (gesto autocrítico y auto-desmitificador con el que demuestra que ya no va a serlo nunca más), y que plasme su reflexión con tal brillantez y personalidad en una canción dando prueba de su llegada a un estado adulto, convierte Angry Young Man en un inmenso triunfo, en una de las obras maestras del disco, y una de las mejores canciones de toda la carrera del hombre del piano.
I’VE LOVED THESE DAYS
Este tema constituye otro de los momentos reflexivos de Joel, que como ya hiciese en Summer, Highland Falls emplea suaves ritmos de baladas para echar la vista atrás y extraer conocimientos y reflexiones de la memoria de su vida, que no llevan a la tristeza (sí a la nostalgia), sino que quedan como sabiduría y prueba de experiencias madurativas. De hecho, aunque existan grandes diferencias entre ambas, son hermanas en su planteamiento musical.
En este caso se trata de que el músico piensa y cuestiona los tiempos que le ha tocado vivir. No se deja llevar por el tópico “todo tiempo pasado fue mejor”, sino que habla con sinceridad de una época lúdica, intrascendente y carente de sentido u objetivo determinado. A lo largo de una bella melodía cuyo ritmo es subrayado por la batería hacia la mitad de la estrofa, la letra acumula ejemplos, imágenes, escenas y resultados de ello, llegando a la conclusión de que una emancipación, una llegada a la madurez es necesaria, no obstante lo cual le han encantado esos días. Evidentemente se trata de la juventud, de la juventud. Parece que Joel era consciente de un cambio importante que se había producido en él: yo no volvería a ser el mismo, su calidad de compositor (y seguramente de ser humano, en cuanto a criterio y bagaje), había sufrido un incremento que le hacía buscar una independencia vital; éste es un concepto muy repetido en el disco, y podría decirse que es el que realmente lo define. De ahí la importancia de las dos baladas gemelas, de Say Goodbye to Hollywood, de Summer, Highland Falls y en realidad de todo Turnstiles para entender el momento de evolución de la carrera de Joel: su obra expresa su conciencia del cambio que se ha producido.
La estrofa desemboca en un estribillo breve y en principio carente de desahogo, lo que podría resultar molesto al receptor de la canción. Pero dicho desahogo no está ausente, sino que, por una cuestión de austeridad estilística (que ya mencionamos en Summer, Highland Falls), la esperada liberación del estribillo se produce sólo una vez, y se trata del punto culminante de la canción: el magnífico dibujo de la melodía realizado por el clarinete, momento en el que el estribillo despega y la canción se hace realmente satisfactoria.
I’ve Loved These Days confirma el ascenso de Joel a un nivel superior de calidad compositiva (que más tarde será superado sin esfuerzo), es especialmente didáctica sobre la personalidad de su autor y se trata además de uno de los mejores temas del disco.
MIAMI 2017 (SEEN THE LIGHTS GO OUT ON BROADWAY)
Turnstiles cierra su repertorio con una canción que no busca el autoanálisis ni se centra en la evolución personal. La obra mira, una vez determinados los principios de los que el autor parte, al resto del mundo. Y lo hace a través de una fantasía, de una ensoñación irreal pero fundamentada: se trata de una visión del futuro, un futuro en el que la ciudad de Nueva York se desmorona, se viene abajo en un cuadro de desestabilización humana perfectamente perfilado, con explosiones, manipulación de las masas y un grupo de músicos (los “buenos de la película”), intentando sacar adelante su música y huir de la privación de la libertad de expresarse que sufre el pueblo. Resulta fácil imaginarse a un artista tan prolífico como Joel viendo a su alrededor los horrores que describe la canción y sintiéndose en la necesidad de dar testimonio de ello en una de sus canciones. Según la historia de la canción Nueva York deja de existir (otro cambio interesante: la mafia emigra a México), y el autor narra su historia desde Miami, “para mantener la memoria viva”. Esto parece denotar un carácter preventivo en la canción: la única diferencia con lo que afirma la letra (por su contexto), es que en realidad la proyección que el autor hace es hacia el futuro. Lo curioso es que la previsión de Joel pareció confirmarse por momentos en el 11-S (en el que cayeron las Torres Gemelas, como el Empire State Building en la letra de la canción): su visión estaba totalmente justificada. Eso respecto a la letra, que es de lo más imaginativo planteado jamás por Joel.
La música tampoco tiene desperdicio: comenzando con el piano sólo, Miami 2017 empieza como una balada, y es aquí donde percibimos la melancolía que se desprende de su melodía, (que en las partes más recargadas parecerá tornarse equívocamente entusiasta). Con la primera explosión descrita en la letra, se produce un in crescendo en varios golpes de ritmo (precisamente como explosiones), que desemboca en un estribillo que rockero y sencillo suena como una necesitada petición de socorro. La melodía de la estrofa vuelve a empezar ahora ya con la banda al completo y a ritmo de rock: el tipo de música permite expresar un estado de agitación en el que todo ocurre demasiado rápido. Y sin embargo, parece que la situación no culmina en un desastre total; si la canción es triste y concienzudamente preocupada, en ningún momento llega a la desesperación: no llega la sangre al río, y es fácil ver por qué: el Joel de verdad y el Joel ficticio lo narran desde situaciones alejadas, el uno desde el pasado y el otro desde el futuro; el uno como advertencia en forma de fábula sobre algo que no debe pasar y el otro en forma de recuerdo pasado. Ambos dos puntos de vista no se hayan demasiado distanciados.
Sólo oscurece el resultado final de la canción el trabajo intrínsecamente de estudio: la producción, que no da al sonido de la canción todo el brillo preciso y la interpretación, que está un poco falta de brío. Por ello es preferible la magnífica (casi excelsa), interpretación del directo Songs in the Attic, en el que la voz del cantante aúlla con contagiosa emoción. Sin embargo, el corte de Turnstiles posee su valor por dos motivos: a) la canción no deja de ser magnífica y b) ciertos detalles ausentes en otras versiones merecen la pena recordarse, en particular, las intervenciones de clarinete de Richie Cannata.
Miami 2017 (Seen the Lights Go Out on Broadway) es otra más de las demostraciones en Turnstiles de que Joel había dejado de ser un aficionado que de vez en cuando acertaba para consolidarse como un músico creativo e inquieto. En este sentido, la canción es una cima. Nunca se había mostrado Joel tan original, personal, creativo y certero a la vez.
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Turnstiles posee, como se ha visto, ciertas líneas que permiten unir en un todo coherente la mayor parte de sus canciones:
a) reflexión sobre la actualidad de su tiempo, y en particular la relación del Joel con ella, en los aspectos de música (All You Wanna Do is Dance), tendencias vitales (I’ve Loved These Days) y preocupación por el futuro (Say Goodbye to Hollywood, Miami 2017).
b) necesidad de la llegada a una madurez personal, a una emancipación que divide a los seres humanos de vida insignificante de aquellos que tienen oportunidades de desarrollarse satisfactoria y armoniosamente con la realidad de sus vidas.
c) aplicación del espíritu reflexivo descrito en el punto anterior a las relaciones personales entre seres humanos: el desarrollo del amor desde un punto de vista de cierta experiencia (Summer, Highland Falls).
Y todo ello mediante distintos estilos, distintos registros, distintos personajes y distintos mundos que crea (como si del Creador Supremo se tratase), Billy Joel, respaldado por una banda con la que se entiende, y que le permite dar rienda suelta a todos sus antojos, tomando parte activa en el juego y desarrollando con él una creativa labor de equipo.
No es de extrañar que nuestro “piano man” sonriese satisfecho ante su obra en la portada: el esfuerzo había merecido la pena.
Pablo Manzano Ben
Mas críticas:
Aqui comenzamos a recorrer un gran album de Billy Joel aunque ironicamente uno que no fue exitoso,"Turnstiles" editado en mayo de 1976.Disco con grandes temas que nos demuestran tanto la soberbia capacidad compositiva de Joel como su gran calidad de musico. Hay una razon para que "Turnstiles" comience con una cancion tan en la onda pretenciosa de Phil Spector como "Say Goodbye to Hollywood." Poco despues de su anterior album "Streetlife Serenade" Joel que se encontraba viviendo en la costa oeste tratando de ganarse un lugar entre los cantantes y compositores de la zona se dio cuenta que ese no era su lugar y es por eso que decidio abandonarlo y volver a su hogar de nacimiento y que le serviria de inspiracion de aqui en mas:New York. "Say Goodbye to Hollywood"fue como celebrar esta movida y de paso repudiar su pasado,como si fuera la fanfarria de un nuevo comienzo.
El tema siguiente "Summer, Highland Falls" fue una de sus mejores baladas,un muy bello tema que tiene unos arreglos de piano muy lindos y de gran atractivo y que Billy canta muy bien. Quizas sea este el disco que define para siempre a Joel como interprete con ese talento tan particular que es capaz de unir mundos tan discimiles como los de Sinatra,Springsteen o Mozart...
La clave en el suceso de este album recaee sin dudas en su variedad,por ejemplo "All You Wanna Do Is Dance" es un divertido tema tipo calipso que reflexiona ironicamente acerca del panorama musical de la epoca como si fuera un anticipo profetico de la New Wave y "New York State of Mind" es quizas uno de los mas bellos y sinceros homenajes que recibio la "Gran Manzana" en toda su historia.
El viejo lado 2 empezaba con "James" un tema "pop" de bella melodia que sin embargo contenia un amargo reproche hacia un supuesto personaje academico que se olvidaba de sus origenes.Posteriormente llega una obra maestra,"Angry Young Man" que empieza con una intro genial de piano que envidiarian varios tecladistas incluso en el mundo progresivo,"Angry..." contiene ademas mucha velocidad y muy interesantes cambios de ritmos.
La bella "I've Loved TheseDays" es una melancolica y bastante cinica referencia al hedonismo de los '70s y finalmente tenemos a esa fantastica pesadilla apocaliptica titulada "Miami 2017 (Seen the Lights Go Out on Broadway)." que es uno de los clasicos de todas las epocas de Joel.
Quizas "Turnstiles" no haya sido el album mas exitoso de la carrera de Billy Joel pero se mantiene,eso si,como uno de sus albumnes mas complejos y satisfactorios.Ademas despejo el camino para que este artista hiciese sus exitosos y super vendidos albumnes posteriores ("The Stranger" en el '77 y "52nd Street"en 1978). |